SECRETO ENTRE PRIMOS
Todo empezó un día cualquiera en el que mi tío llamó desde Argentina a España para avisarnos de una noticia muy importante que cambiaría por completo nuestras vidas. En ese momento, fue cuando nos dieron la sorpresa que después de 10 años sin vernos, volveríamos a reencontranos. No toda la familia, porque el presupuesto lo impedía, pero sí una parte de ella, mi Tía y Primo. Hacía tantísimo tiempo que no los veía que para mí, se habían convertido en unos completos desconocidos, sobretodo mi primo, que sólo había convivido con él una temporada cuando tuvieron oportunidad de viajar a España cuando él apenas tenía un año.
Estábamos muy felices por volver a vernos, habíamos hecho muchos planes durante su estancia aquí. Esperábamos pacientes su llegada, hasta que aparecieron.
No sabía exactamente a quién buscar dentro del tumulto de gente que se disponía a recibir a su familia esperándolos al otro lado de las vayas. Me fie por el instinto y por las características físicas que me habían descrito para saber quienes eran.
Lo primero que vi fue a un chico muy alto (a pesar de su edad, su altura es algo verdaderamente increíble, nos sobrepasaba a todos y cada uno de nosotros) con el pelo semi largo de color marrón oscuro. Sabía que él era mi primo. Corrí a saludarlo. A pesar de ser completamente desconocidos, nos fundimos en un cálido abrazo. Lo veía, era muy guapo, tenía que ser sangre de mi sangre. Atrás se encontraba mi tía, de quién tenía vagos recuerdos. Nuestro saludo también fue muy emotivo, por no mencionar el de mi madre, su hermana, que se encontraban separadas desde hacia tanto tiempo...
Los primeros días fueron algo distantes por la vergüenza y la falta de comunicación entre nosotros.
Pero afortunadamente, con el paso de las largas horas y los días, todos empezamos a entrar en confianza y a establecer una relación familiar. Salimos pocas veces a hacerles conocer como era Barcelona. Pasamos tiempo juntos, como debió de ser siempre. Me sentía muy orgullosa de tener a mi primo a mi lado, él desde el primer momento fue muy cariñoso con todos nosotros. Al principio pensaba que se llevaría mejor con mi hermana mayor, 7 años más grande que él. Pero estaba completamente confundida, nuestros caracteres y nuestra forma de ser se compagináron casi de primera. Nos habíamos vuelto unos muy buenos amigos. Yo hacía todo lo posible para que se sintiera bien y se divirtiera conmigo, así que, como buen aficionado que es al ordenador, siempre jugábamos juntos, a la Nintendo, a la generala, a las cartas o cosas por el estilo, pero casi siempre lo pasábamos juntos. Tenía que complacer a mi primo, 6 años menor que yo. Tiene 11 y yo 17, pero la edad no era un obstáculo para divertirnos juntos. Habíamos empezado a querernos, y las muestras de cariño eran mutuas, más por parte de él que no de mi, pues no quería que mi familia pensase mal. ¿Por qué habían de hacerlo? Somos familia. Nos teníamos aprecio. Él siempre me daba besos en la mejilla, cálidos abrazos por la espalda, me cogía las manos y nos entrelazábamos los dedos uno al otro, me acariciaba siempre que tenía oportunidad, me hacía cosquillas e incluso nos daba besos de "vaca", como le llamábamos nosotros. Yo siempre le respondía sus atenciones, pues soy una persona muy cariñosa, pero nunca con ninguna intención oculta. Yo no veía nada raro, pero el comportamiento de mi primo había sobrepasado la línea familiar. Nunca pude imaginar nada más allá de una simple relación de primos pues él era tan solo un menor de 11 años, no tenía mentalidad adulta ni pensamientos "oscuros" que cualquiera de mi edad o incluso un par de años menos si podrían tener. En realidad nunca supe si él se sentía atraído por mi, sí es verdad que la primera vez que nos reencontramos después de 10 años en la estación de tren de camino a nuestra casa, no parábamos de mirarnos, quizás era por simple curiosidad, pero los dos no parábamos de hacerlo, hasta que un día me encontraba en mi habitación (compartida con mi hermana) estirada en la cama, ya que mi tía y mi madre se encontraban en plena discusión. Como pretexto (supongo) él vino a la habitación cuando mi hermana no se encontraba y me pidió si se podía quedar porque no quería escuchar la discusión. Obviamente yo acepté encantada pues él jamás ha sido una molestia para mi.
Se sentó junto a mi, en la cama. Yo seguía estando recostada hasta que él también se tumbó a mi lado. Me miraba fijamente y yo nerviosa, le tapaba la cara o le hacía cosquillas para que dejara de hacerlo. Una vez mi hermana había vuelto a la habitación, él se sentó en la cama y comenzó a hablar con ella. Al cabo de un rato, estando mi hermana ahí mismo sentada en el escritorio pintándose las uñas, él volvió a tumbarse a mi lado, y empezó a darme besos en la mejilla como siempre hacía. Pero esta vez todo fue diferente, sus besos eran de "vaca", consistían en darme un beso normal y después sacar la lengua y chupar la mejilla. Yo estaba ya acostumbrada a ello, pues no era la primera vez que lo hacía. Pero nada fue igual, no sé cuanto tiempo estuvo encima mío dándome esos besos, hasta que poco a poco, muy lentamente iba bajando hacia la comisura de mi boca. Yo era consciente de todo lo que hacía, pero algo dentro de mi quería que siguiera. Ya se encontraba a poquísimos centímetros de mi boca, y sus besos continuaban. Pero con la diferencia de que, había introducido la punta de su lengua dentro de mi boca. Yo, al notar lo que estaba haciendo y al ponerme tan nerviosa decidí apartarme, como si no hubiese pasado nada, pero él se pasó a mi otra mejilla y casi me da un beso en la boca. Lo dejamos pasar, aunque seguíamos ahí en mi misma cama. Se habían terminado los besos, pasamos al tonteo y a la cogida de manos. Hasta que volvimos a la "normalidad", mi hermana seguía ahí, pero no pensaba nada pues no nos veía, y si lo hiciese, tampoco hubiese pensado nada pues él siempre daba esos besos, con la diferencia de que ella no sabía que había intentado algo más conmigo y que nuestros labios y su lengua ya habían hecho contacto. No me desagradó para nada, más bien todo lo contrario. Desde ese día se formó una especie de sentimiento amoroso hacía él y me arrepentí de haberme apartado, pues me hubiese gustado continuar, para ver hasta dónde hubiésemos llegado. Pero no fue así, todo quedo en la nada.
Desde aquella tarde, cada noche al despedirnos, él siempre me daba esos besos tan famosos de vaca e intentaba darme un beso, aunque yo siempre apartaba la cara y terminaba dándomelo en la comisura de la boca. Mi rechazo era porque siempre estaba mi madre o mi tía de por medio, y no podía permitir que la situación se dejase llevar. Tampoco estaba segura de sus sentimientos y ni siquiera de los mios propios aunque yo quería dejarme llevar. Los días eran mucho más bonitos a su lado, estábamos juntos siempre. Menos los días en que él junto a mi tía fueron a visitar a mi hermana mayor de 26 años a Reus y se quedaban una semana, sin él yo me volvía a encontrar sola. Empecé a sospechar sobre mi misma cuando me dí cuenta que un fuerte dolor me oprimía el pecho cada vez que me topaba con la realidad y me daba cuenta que ya no estaba ahí, conmigo. Me sentía tan mal, lo echaba tantísimo de menos. ¿Qué estaba pasando conmigo? El tan solo es un niño y yo prácticamente una "mujer de 17 años". Hasta que volvieron nuevamente a nuestro hogar. Fue todo muy soso y amargado, pero yo me sentia muy feliz de que hubiese vuelto, le contemplaba siempre que podia y él a mi creo que también, siempre se topaban nuestras miradas, pero no sé con que ojos me miraba. Desde luego, los mios eran deseosos de algo más.
Continuaron las caricias, los abrazos, las miradas, nuestros acercamientos y aquel bonito beso en la frente que aún recuerdo la noche de mi cumpleaños. Mis sentimientos cada vez se confundían más. Pero me dejaba llevar por él. Seguían sus besos en la comisura de mi boca, y yo siempre nerviosa me apartaba, con miedo a todo lo que podría venir después. Quizás nuestra buena relación de primos terminaría por extinguirse, o quizás el terminaria por contar lo que posiblemente hubiese podido pasar y hubiese desafiado el amor de mi familia, al fin y al cabo era un niño. Pero siempre terminaba arrepintiendome, pues él me lo dejaba todo en bandeja y yo siempre hacía como que no pasaba nada.
Cumplí mis 17 y él lo celebró conmigo, incluso lo notaba más feliz a él que a mi misma, quería que me quedara hasta las 12 de la noche para felicitarme el primero y en familia. Me abrazaba y me hacía sentar en el sofá y después me empujaba junto a él para quedar estirados en el sofá en el que dormía. Tocaron las 12, me super felicitó y me dió un cálido beso en la frente que jamás espero olvidar.
Los días transcurrían con rapideza.
Quedaba poco para que marchasen y volviesen a cruzar el charco que tanta distancia ponía de por medio entre nosotros.
Cada vez que me ponía a pensar que él marcharía y que jamás volvería a verlo me machacaban por dentro y entristecían mis dias cada vez más. Ya había empezado a quererlo. ¿Sería amor?
Mi pregunta nunca obtuvo respuesta hasta el día menos esperado. De echo, yo siempre soñaba en que pasase algo más entre nosotros, quería sentirlo aún mucho más cerca, no quería que marchase para siempre y no tener un recuerdo más "romántico" con él.
Cuando menos pensaba que algo pudiese ocurrir, ahí estábamos los dos. Me pidió que el día antes de su partida jugáramos a la Nintendo que tanto le gustaba. Mi hermana, él y yo nos encontrábamos en la habitación. Mi hermana recostada en mi cama sin jugar con nosotros y los dos sentados en sillas separadas al lado del otro.
Había pasado demasiado tiempo sin que estuviera encima mío sin darme cariñitos, hasta que me cogió con los dos brazos aún estando sentada, mirando hacia él y empezó a besar mi mejilla como era habitual. Mi hermana seguía ahí. Pero no le importaba. No sólo quedó ahí, volvía a deslizarse por mi mejilla, quería llegar a mi boca. Estupefacta pero encantada, dejaba que siguiese, a ver si era yo quién mal interpretaba sus acciones para conmigo. Al parecer yo no estaba del todo equivocada, bajó y sus labios se toparon con los míos. ¡Al fin nos habíamos besado! Sentí una alegría enorme por haber completado el sueño que siempre quise desde que lo conocí. Estabámos tan cerca, nuestros labios se encontraban. Mi hermana seguía ahí, pero sin darse cuenta. Hasta que yo di por finalizado nuestro contacto. Seguíamos jugando, hasta que mi hermana se fue de la habitación. Estábamos solos completamente. ¿Momento perfecto?
Lo fue, apenas mi hermana abandonó la habitacion, él volvió a cogerme como antes e iba directamente a mi boca. Volvíamos a estar tan juntos. Era muy especial, emocionante, irreal. Pero ahí seguíamos. Fueron mis primeros besos. Inexpertos sólo hacíamos el intento de besarnos correctamente, pero creo que nuestra misión fue fallida, pero eso era lo de menos, continuábamos sin separarnos. Yo no quería sobrepasarme con el beso, por ello deje que él hiciera como quisiese, pero en esos momentos fue cuando entendí la edad que tenía, no sabía como hacerlo. No me importó, lo único que quería es quedarme así para siempre.
Nuestras bocas se entreabrian, sentí el paso de su lengua, ¡fué tan mágico sentirla dentro de mi! Nos abrazamos y él me dijo: "Te voy a extrañar, te quiero".
Volvimos a buscar nuestras bocas y volvimos a caer en nuestra perdición.
Seguíamos sin saber, me había dejado la mejilla llena de su saliva. Algo incómodo, pero delicioso. Sus labios eran tiernos.
Lo dimos por finalizado, y al terminar el se recostó sobre mis piernas que se encontraban cruzadas.
Fue una experiencia maravillosa que jamás olvidaré y espero que él tampoco lo haga nunca.
Lástima que fue un día antes de que se fuera. ¿Por qué?
Recuerdo que después de aquello, nuestras miradas se encontraban avergonzadas, pero ¿nos queríamos?
La mañana siguiente, cuando estabamos preparando las maletas, volvió a besarme pero en la comisura de mi boca como hacía antes de que todo esto pasara.
Llegó el momento de la despedida, durante el trayecto a el aeropuerto no nos dirigimos prácticamente la palabra. Me sentía enfadada y a la vez nostálgica por su marcha.
Tenía que pasar, nos abrazamos y nos despedimos. Dos besos en las mejillas, nada más. Quizás no fue nada emotivo, yo no quería llorar y me mostre algo distante.
Las cintas azules interponían una distancia entre nosotros.
Le miraba de lejos y él a mi, sentí que sus ojos tristes me lo decían todo, pese que las palabras habían sido inexistentes en su despedida.
Seguíamos mirándonos. Hasta que nuestras miradas se perdieron en el horizonte...
Hoy, hace 15 días que se fueron.
Me prometió escribirme, pero nunca más he vuelto a hablar con él.
Ha sido un final triste. Nunca quise emocionarme demasiado porque sabía que su corta edad, en algún momento le haría olvidar lo que una vez pasó entre nosotros.
No quiero escribirle, pues temo que ya no quiera saber nada de mi o me rechace.
Siempre esperaré saber de él.
Mientras tanto, continuaré reviviendo nuestra corta pero intensa y bonita "historia de amor".